UN PLAN DE CRISIS

Ni nadamos en la abundancia, ni estamos en el dique seco. Hasta ahora, la crisis no nos ha hecho demasiado daño, aunque, como todos, la sufrimos. Por eso últimamente no nos habíamos movido demasiado de casa. Pero con la llegad...

Ni nadamos en la abundancia, ni estamos en el dique seco. Hasta ahora, la crisis no nos ha hecho demasiado daño, aunque, como todos, la sufrimos. Por eso últimamente no nos habíamos movido demasiado de casa. Pero con la llegad…

Ni nadamos en la abundancia, ni estamos en el dique seco. Hasta ahora, la crisis no nos ha hecho demasiado daño, aunque, como todos, la sufrimos. Por eso últimamente no nos habíamos movido demasiado de casa. Pero con la llegada del buen tiempo, animé a mi marido a que hiciéramos una salida “económica”. En mi casa hay dos personalidades: el manirroto (que es mi marido, aunque él se hace llamar espléndido) y la coherente (que soy yo, aunque él prefiera tacharme de tacaña). El caso es que en mi “plan de crisis” la mejor opción era irnos a la casa que sus padres tienen en Marbella. De esta forma, la cosa salía a muy bien precio, disfrutábamos de unos días de sol y playita y no se resentían demasiado las arcas familiares. Lo tenía claro: íbamos en coche, comíamos en casa y todos tan a gusto. Pero él empezó a trastocármelo todo. En primer lugar pensó que lo ideal era que él y yo saliéramos a cenar a algún restaurante romántico con su vinito y su copita de sobremesa (sería su lujo), y que también yo tuviera mi tiempo de descanso (que me lo vendió como mi lujo). O lo que es lo mismo, quería que nos lleváramos a la cuidadora. “Está bien –pensé- nos la llevamos y le pagamos los días extras”. “Como tenemos casa, no es tanto gasto”, me convenció. Pero claro, un viaje tan largo (desde Madrid) con las dos bebés y para tan poco tiempo, pues, a su juicio, iba a ser un paliza. “No hay más que hablar, nos vamos en Ave hasta Málaga”, dijo. Era un gasto más, porque se trataba de nuestros dos billetes y el de la cuidadora (las niñas aún no pagan), pero argumentó que era mucho menos tiempo y que merecía la pena. “Eso sí -añadió- tienen que ir cómodas”. Yo ya me lo veía venir: tomó la decisión de que –por el bien de las pequeñas- teníamos que ir en clase preferente. “La madre que.. “, se oía en mi cabeza. Ya lo cosa no me hacía ninguna gracia. Mi cabeza comenzaba a convertirse en una calculadora y en mis ojos sólo se reflejaba el símbolo del euro. Tres billetes en preferente! “Para una vez…”, le oía, cuando sabía perfectamente que ni era la primera ni sería la última. No sin antes discutir, se salió con la suya. “Pero no haremos otra escapada hasta que llegue el verano!”, sentencié. En lo que aún no habíamos caído es en cómo íbamos a ir de Málaga a Marbella. “Pues nada, hay que alquilar un coche”, me dijo tan tranquilo. “¡¡No!! ¡Otro gasto, no! Por ahí ya no paso, mejor nos quedamos en Madrid”, me cerré. Como vio que me había puesto cabezota (yo prefiero llamarlo sensata), consiguió que un familiar se “ofreciera” a recogernos en Málaga y luego nos dejara su coche para movernos por Marbella. Así las cosas, transigí. Evidentemente, esto aún no había terminado: las niñas necesitaban sus sillitas homolagas para ir en coche. Yo no soy de decir tacos, pero en mi cabeza se repetían los peores. En fin, que no había otra solución que mandar las sillitas por MRW (uno de tantos servicios urgentes de transportes que no son una ganga). Harta de la tercera guerra mundial en la que se habían convertido los preparativos, decidí olvidarme de todo y organizar el equipaje. Como allí había cunas de viaje, SOLO tenía que llevarme los dos carritos de paseo, el cargamento de biberones con sus consiguientes leches y cereales, la colección de ropa por si hace calor de agosto, entretiempo de mayo o frío de febrero (no vaya a ser..), potitos, chupetes, gorritos, intendencia para el baño, cremas, pañales, toallitas, cambiadores… Y no sin el DVD portátil para el viaje, la mochila con juguetes, el cubo y la pala, el caracol gigante con el que duerme la mayor, o la rata de peluche de la pequeña. Con todo preparado, llegó el momento. ¡¡Por fin nos vamos!! “Y ahora, ¿cómo llegamos a la estación?”, le dije conociendo muy bien la respuesta. “O nos recoge un camión o necesitamos DOS taxis”, me contestó sin alterarse. Dicho y hecho, dos taxis en la puerta y mi cara hasta los pies. Después de que nuestra entrada en Atocha fuera digna de grabar por antropólogos, nos instalamos. El viaje no fue demasiado mal y, tal y como estaba previsto, nos vinieron a recoger. Así que por fin estábamos en el paraíso. Pero antes de nada había que hacer una compra completa con todo lo necesario para desayunos, comidas, meriendas, cenas, picoteos, caprichos y premios. El carrito hasta arriba. Sólo quedaba disfrutar del ¿sol? “Maldita nube, que no se va”. A la media hora el comentario era: “No me lo creo, ¡¡llueve!!”. “Pues en casa no nos quedamos”, amenacé al ver que mi marido se repanchingaba en el sofá. Lo cierto es que lloviendo las posibilidades eran bastante limitadas. De hecho, sólo había una. Así que nos fuimos al gran centro comercial de La Cañada. ¿¿Y allí que se hace?? Pues gastar. Menos mal que al día siguiente salió el sol y pudimos disfrutar (o amortizar) de la inversión (o el gasto). La escapada económica me había salido por un pico. Pero lo tenía claro: la próxima, al Retiro.

Nestum

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Últimos comentarios (15)

  1. Nada de perdón ni de intromisión: al césar lo que es del césar y tienes toda la razón (menos en lo de que soy una santa, que tendrías que ver el carácter que me gasto). Además, es todo un honor y un placer tener a tan ilustre bloguero por aquí!!

    kitty-hello
    3 junio, 2009 a las 12:14 pm
  2. De verdad mereció la pena? Entonces eres una Santa y no sabes decir que NO. Por favor, eso era un viaje en coche de libro…perdón por la intromisión en la privacidad.

    Borja
    3 junio, 2009 a las 11:54 am
  3. yo creci muy cerca, y voy mucho con mid hijos. Y te aseguro que uno o dos días vale, pero si vas mucho, no te libras del ‘aperitivo’ en las nada económicas terrazas del parque… en términos absolutos puede parecer poco dinero, pero en relativos… no te vas de allí sin soltar 20 euros por 4 cocas y unas patatitas!!!
    Eso si, es un plan ideal. Cada vez me gusta más. Y se acerca la feria del Libro!!!
    besos 🙂

    Ana
    21 mayo, 2009 a las 9:10 am
  4. Qué bueno Kitty¡¡ Me suena tanto… al final las experiencias de una terminan siendo las vivencias de todas, antes o después. Qué razón tienes¡¡¡ al final intentamos solucionarlo con «la próxima, al Retiro»… pero volvermos a tropezar con la misma piedra, cada dos por tres. Pero que nos quiten lo bailao, no? Más historias que contar a nuestros nietos¡¡¡

    Alicia
    20 mayo, 2009 a las 9:51 pm
  5. Siiiiiiiiii. Siempre, todo. A pesar de que refunfuño todo lo que puedo, al final, salga bien o mal, barato o caro, es lo que quiero, lo que me gusta y con lo que soy feliz. Me encanta ver cómo estamos todas en lo mismo, y que mi lucha es «LA LUCHA» de todas. Doña Estrés, siempre tú y yo en la misma línea. Pitilla, totalmente de acuerdo. Yo me paso la vida buscando la oferta y cargando con el carro. Y él llega y dice que se la manden a casa («es que como fui en moto…» «pues vete en coche, caray»). Llanos, es verdad, prefiero lo que tengo a tener todo lo contrario. Kitty, tocaya, sí, no exagero!! Hada varita mágica, soy una gran admiradora tuya y seguidora!! Alicia, disfruté un montón. Lo que decía: siempre compensa!! La flaca, tienes razón. Tendremos que acostumbrarnos a vivir en el caos, que al fin y al cabo es lo que nos toca durante una temporadita. Naiud, olé por cambiar! Amalia, ojalá tuviéramos esa ansiada varita mágica, verdad??

    kitty-hello
    8 mayo, 2009 a las 11:48 am
  6. creo que alguna vez nos ha pasado a todas,me he sentido muy indentificada con la situacion,no hay salida barata con un marido derrochador y crios de por medio,jajaja si es que a veces no podemos hacer milagros por mucho que queramos,besos a todas

    amalia1
    8 mayo, 2009 a las 1:35 am
  7. lo de los antropólogos ha estado genial. Me encanta como escribes.
    Y estoy de acuerdo con Llanos… mi ex era un tacaño, pero de esos que tienen un montón de pasta y no se la gasta (porque vale que seas tacaño si no tienes un duro, pero mira que tenerlo y no saber gastarlo)… Vamos, que en 3 años de matrimonio ni unas tristes vacaciones. Y era un sufrimiento no poder darte un lujo de vez en cuando.
    En fin, que espero que lo pasarais bien en el puente 🙂

    Naidú
    6 mayo, 2009 a las 1:37 pm
  8. por mas q nos propongamos economisar con niños no sale asi…yo viaje a venezuela en octubre y tenia todo planeado al llegar el peque se enfermo de brnquitis…yyy todo los planes a bajo…corre al doctor pribado y adios vacaciones soñadas..mucha veces es mejor no planificar tanto…

    la-flaca
    5 mayo, 2009 a las 8:17 pm
  9. eres genial. La verdad q cuando se tienen niños, cualquier salida por muy cerca q sea es una gran aventura. Pero bueno al final disfrustastes o no?. saludos y sigue así..

    alicia6
    5 mayo, 2009 a las 6:39 pm
  10. Siempre pasa lo mismo!!! Me encanta leerte!

    besos
    Varita Magica:)

    varita-magica
    5 mayo, 2009 a las 6:22 pm
  11. Me ha encantado, sobre todo lo de ser grabados por antropólogos, genial!

    Africa
    5 mayo, 2009 a las 4:03 pm
  12. jajajajajaja, cuando nos conocimos él era muy expléndido, pero con los demás, lo típico de irse de viaje y traer cosas para todo el mundo, y gastas más en regalos que en el viaje si te descuidas, y salir , y con los amigos, invitar mucho.
    Y yo empecé a hacerle ver que de bueno a tonto hay un paso y que él a veces lo daba, con amigos especialmente «listos».
    Ahora en gastos importantes busca que yo dé el paso, jajajajaja, dice que para eso soy la Economista de la familia.

    destres
    5 mayo, 2009 a las 1:59 pm
  13. qué bueno Kitty Hello. En mi casa él también es el espléndido… pero la verdad chicas, para eso en particular: me gusta que sea así!! ¿Habéis conocido a maridos agarrados (y no digo previsores, digo tacaños tacaños)? Es lo peor que existe!! No se aguantan ni ellos!! Y tienes que pedir permiso hasta para comprarte unos zapatos con tu propio dinero. Yo lo he visto y os aseguro que es muuuuuuuuuucho peor!!

    llanos
    5 mayo, 2009 a las 1:54 pm
  14. y las ahorradoras somos «agarradas». Nuestros maridos no son coscientes del gasto que hacemos dia a dia en la compra, en los zapatos de los niños, uniformes, medicinas, ropa. Y siempre mirando la peseta, quitandote de caprichos o busdcando alternativas baratas para ahorar 3 euros en unos leotardos… y luego aaaalaaaa!!! viene el «espléndido» y sin venir a cuento se deja 100€ en una tontería… ¡que injusto!! pero bueno… es nuestro papel, como tantos otros que no me gustan pero tengo que asumir..¿y quien si no yo??

    pitilla
    5 mayo, 2009 a las 1:11 pm
  15. Kitty, ¡qué razón tienes!
    Por mucho que nos queramos plantear una salida económica, se empiezan a sumar gastos, ya que….s, extras, y al final, todo sale por una pasta gansa.

    destres
    5 mayo, 2009 a las 12:59 pm