El móvil como primer acceso de los menores al porno

Pornografía y niños. Parece mentira que estas dos palabras puedas ir juntas en una misma frase. Pero la realidad hoy es así de dura ya que los smartphones y tablets les proporcionan una completa libertad de acceso a Internet. Una encuesta del INE asegura que el 85 % de los niños de diez años o menos tiene acceso a la red y que, uno de cada cuatro, dispone de su propio teléfono inteligente. Hay que saber que en Internet existen aproximadamente 4 millones de páginas con contenido pornográfico, y la mayoría son gratuitas.

Los datos son alarmantes. Las investigaciones al respecto revelan que el acceso a la pornografía se adelanta ahora a los ocho años. El estudio, Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonalespresentado por la Universidad de las Islas Baleares y la Red Jóvenes e Inclusión, asegura que la edad media de inicio en el consumo de pornografía son los 14 años entre los adolescentes hombres, los 16 en el caso de las mujeres. Lo peor es que, al menos uno de cada cuatro varones se ha iniciado antes de los 13 y la edad más temprana se anticipa ya a los 8 años.

Las consecuencias

Lo que más preocupa a esa edad son los efectos que puedan tener el acceso a ese contenido inadecuado. La psicóloga de Clínicas Origen, Pilar Conde, asegura que en niños tan pequeños se puede dar la «sexualización de sus comportamientos, con posibles riesgos de abuso, ya que pueden intentar imitar lo que ven. También pueden crearse ideas erróneas en todo lo relativo al sexo y creer que una relación de desigualdad, en la que impera la dominancia y la sumisión, es la única forma de que ambas partes disfruten del sexo».

¿Qué herramientas tienen entonces los padres para impedir que los niños accedan a la pornografía? ¿Podemos descargar toda la responsabilidad sobre las aplicaciones de control parental? La psicóloga lo tiene claro. «Hay que establecer límites de horarios y acceso a los dispositivos. Las aplicaciones pueden ser de ayuda, pero es necesario supeditar el uso y consumo a las horas en las que los padres puedan tener supervisión directa y compartir así el tiempo e interesarse por lo que hacen y lo que les gusta. Además -continúa- deben utilizar los dispositivos en zonas de la casa donde esté presente un adulto que pueda mirar de vez en cuando la pantalla y siempre con el volumen activo».

Localizar el problema

Es mucho más fácil cuando se habla de niños de ocho años. A esa edad tan temprana la búsqueda de privacidad no es tan elevada como en la adolescencia, por lo que podemos observar algunas señales que, para Pilar Conde, serían:

  • Observar que el niño se encierra mucho en su cuarto,
  • Detectar que hace ciertos comentarios o juegos sexualizados (esa información se puede recibir también por parte de la escuela, padres/madres de amigos u otros familiares).
  • Es importante notar si, cuando se habla de sexo, realiza descripciones específicas de lo que es una relación sexual.

Una vez que se confirma que los menores han tenido acceso a esa pornografía, la psicóloga de Clínicas Origen indica que es fundamental explicar que «la pornografía, al igual que otro tipo de acciones, es algo exclusivo de adultos y que, por ahora, no van a poder consumirla. Para que los niños lo entiendan, se pueden poner otros ejemplos sencillos de cosas a las que sólo los adultos tienen acceso como conducir, ir a la universidad, a las discotecas o salir solos a la calle. También es bueno explicarles que esas películas son ficción y contarles cómo son realmente las relaciones sexuales entre adultos y los valores que van implícitos como la igualdad, el respeto y el consentimiento».

Diferenciar sexo y pornografía

En el caso de que efectivamente los niños hayan tenido acceso a ese contenido inadecuado, los padres deben poner su empeño en hacerle entender que el sexo y la pornografía son dos cosas completamente diferentes. Pilar Conde señala que «a esa edad, ya son conscientes de que los dibujos no existen, saben que hay personajes que ven que no son reales, que son actores, por lo que hay que utilizar ejemplos de este estilo, para que entiendan que eso que han visto no es real. En estos casos, la comunicación con los hijos es esencial», destaca.

¿Y si ha habido una sobreexposición a pornografía y las ideas están muy sesgadas? En ese caso, indica Conde, «se puede optar por enseñar escenas de películas en las cuales las relaciones sexuales son más reales, donde no hay foco en las zonas sexuales y la vejación, y sí en el contacto entre dos iguales, donde los valores de respeto e igualdad están representados. El visionado debe ser siempre, junto a un adulto para mediar y explicar, así como marcando las edades en las que se recomienda realizar estas prácticas».

Deja un comentario