CON EL CASTIGO NO ME ENSEÑAS A HACERLO MEJOR

El castigo a los niños es otra de las herramientas asentadas en nuestra sociedad. Utilizada en todos los ámbitos, y camuflada en la actualidad por los premios, recompensas o la silla de pensar. En este post de la serie #RETOHáblameBonito vamos a ver qué consecuencias tiene el uso del castigo.

El castigo a los niños es otra de las herramientas asentadas en nuestra sociedad. Utilizada en todos los ámbitos, y camuflada en la actualidad por los premios, recompensas o la silla de pensar. En este post de la serie #RETOHáblameBonito vamos a ver qué consecuencias tiene el uso del castigo.

Ya son muchos los estudios que prueban que el uso del castigo (hablamos del psicológico, porque el físico es ilegal) en la educación de los niños más que efectos positivos, tiene importantes consecuencias psicológicas. Por lo que como padres y madres debemos tener en cuenta dichas consecuencias, ser conscientes de ellas, y buscar alternativas que permitan un desarrollo óptimo de nuestros hijos.

En el blog Paternidad con Apego, podéis ver una descripción muy buena de cuáles son las consecuencuas negativas del uso del castigo, tanto para los niños, como para los padres. Y nosotros, en este otro post ya os planteamos sobre qué queremos realmente para nuestros hijos: que sean obedientes y sumisos o responsables y respetuosos con las normas? Teniendo en cuenta y conociendo a fondo qué provoca el castigo, tenemos argumentos suficientes como para no usarlos en la educación que les estemos ofreciendo.

El uso de un lenguaje violento, además, solo promueve en los más pequeños miedo. Por tanto, podemos afirmar que el castigo no es ni educativo, ni pedagógico, puesto que lo único que aprende el niño son herramientas para evitarlo, pero no le permite entender y asimilar el por qué de las cosas. Y mucho menos, a desarrollar esa motivación intrínseca para hacerlas.

El castigo da resultados momentáneos, es automáitca la reacción, y aporta autoridad al adulto. Pero el niño se siente humillado, sin explicación lógica, y su reacción es de mayor rabia aún, puesto que no está siendo acompañado y entendido. Además, estaremos enseñándole a reprimir sus emociones, puesto que en ningún momento le damos opción a argumentr. Dialogar no significa darle la razón, significa escuchar y permitir que expongan sus motivos, sus pensamientos, y nosotros como adultos, hacerles ver que lo que ha pasado no puede ser, con la explicación lógica y oportuna.

Con estas técnicas sólo conseguiremos que nuestros hijos actuén desde el temor de recibir esa consecuencia que viene asociada a una acción no permitida; incluso a hacer esa actuación, pero cerciorándose de que el adulto, en ese momento, no lo está viendo. Por lo que automáticamente el niño está también aprendiendo a mentir y a no actuar desde la naturalidad e inocencia.

Sólo a través de la comprensión, la empatía y la escucha activa podemos conseguir resultados satisfactorios a largo plazo para el desarrollo de nuestros hijos. Y aunque muchos sigan pensando que el gritar, amenazar o chantajear, son buenas herramientas, nosotros pensamos y defendemos ante todo el amor incondicional.

Si quieres ver alternativas al castiga, pincha aquí.

 

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