Claves para desarrollar la autoestima en los niños

Hoy día, quizás, somos más conscientes de la importancia que tiene para nuestras vidas el hecho de saber gestionar adecuadamente nuestras emociones, de ahí que encontremos por todas partes, toda clase de talleres, libros, charlas… sobre inteligencia emocional, autoestima, habilidades sociales o control de las...

Hoy día, quizás, somos más conscientes de la importancia que tiene para nuestras vidas el hecho de saber gestionar adecuadamente nuestras emociones, de ahí que encontremos por todas partes, toda clase de talleres, libros, charlas… sobre inteligencia emocional, autoestima, habilidades sociales o control de las…

Hoy día, quizás, somos más conscientes de la importancia que tiene para nuestras vidas el hecho de saber gestionar adecuadamente nuestras emociones, de ahí que encontremos por todas partes, toda clase de talleres, libros, charlas… sobre inteligencia emocional, autoestima, habilidades sociales o control de las emociones para llevar, en la medida de lo posible, una vida emocionalmente sana.

Todos, alguna vez, hemos pasado por un mal momento e incluso es posible que hayamos sabido encontrar solos o con ayuda de un profesional las herramientas adecuadas para salir del trance; sin embargo, cuando esto mismo le sucede a un niño, ¿qué ocurre?

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es el concepto que tenemos de nosotros mismos a nivel físico, intelectual y social, pero esta percepción puede variar dependiendo de nuestro estado de ánimo, de las circunstancias o de las experiencias.

Para un adulto esta cuestión puede resultarle más o menos obvia, en cambio, para un niño no tiene por qué ser así, por lo tanto, habrá que enseñarle a identificar sus distintos estados de ánimo y cómo pueden influir en la percepción de sí mismos.

Cada niño es diferente y cada uno desarrollará su propia personalidad, pero todos tienen algo en común: la necesidad de protección, cariño y afecto. Es necesario prestarles atención, que se sientan queridos y valorados por lo que son y no por lo que hacen o lo que consiguen, porque cuando es así se sentirán seguros y confiarán en sí mismos y en sus capacidades.

Los pilares: la familia y la escuela

Actualmente hay un gran interés por el estudio y el desarrollo de la gestión de las emociones dentro del campo de la inteligencia emocional relacionado no solo con los procesos psicológicos sino también con los educativos.

La autoestima no es una asignatura que se enseñe en las escuelas como tampoco es una lección de un día o de unas cuantas sesiones con el psicólogo: es una actitud que se alimenta del cariño y la atención y se va construyendo día a día. Hay que tener en cuenta que el bienestar emocional de los más pequeños depende no solo de su entorno familiar sino también del escolar, por eso es importante que tanto los padres como los maestros trabajen conjuntamente en esta cuestión para no desatender el lado emocional de sus hijos o alumnos porque todo lo que se consiga en la infancia marcará su desarrollo personal y social así como su forma de encarar la vida y sus vicisitudes, una vez que sean adultos.

Los niños están creciendo y formando su personalidad, es el momento idóneo para que los adultos les enseñen habilidades que les sirvan y les duren toda la vida como la capacidad de adaptación y la empatía. Gracias a ellas el niño podrá desenvolverse y salir airoso de situaciones en las que potencialmente pueda sentirse mal (falta de cariño o amigos, separación de los padres, defectos físicos, etc.) así como ponerse en lugar del otro y comprender cómo se siente.

Pero, todo esto ¿cómo se consigue? Hemos dicho anteriormente que esta cuestión no es tarea de un día, ni de dos…, ni de un mes, ni de un año; es un entrenamiento que deberá durar toda la vida incluso cuando el niño se convierta en adulto. Será una carrera de fondo en la que habrá que dedicar todo nuestro empeño y esfuerzo si queremos que nuestros niños lleguen a la meta con un nivel de madurez emocional y social adecuado.

Para comprender las emociones de otras personas es fundamental que el menor aprenda a reconocer y a gestionar adecuadamente las suyas propias. Cuando todavía es pequeño es posible que reaccione de la misma forma tanto si está triste como si está enfadado. En ambos casos, es posible que llore, proteste o grite porque probablemente, confundirá ambas emociones, por eso, es importante enseñarles la diferencia para que puedan reconocer su propio estado de ánimo. Podemos hacerles algunas preguntas interesándonos por ellos: “¿cómo te sientes?”, “¿por qué crees que estás así?” “¿qué podrías hacer para sentirte mejor?” Cuando sepa contestar a estas cuestiones estará preparado para poder razonar e identificar cómo se sienten los demás haciéndole preguntas similares: “¿cómo crees que se sienten tus papás después de tu comportamiento?”, “¿por qué está enfadado tu amigo?”, “¿qué puedes hacer para que se sienta mejor?”

Beneficios de una buena autoestima

Las investigaciones han demostrado que los niños con un nivel adecuado de autoestima habrán recorrido parte del camino.

– Tendrán un rendimiento escolar más alto porque soportarán con más facilidad situaciones de estrés (deberes, exámenes, trabajos…)

– Tendrán menos problemas de conducta.

– Se sentirán bien consigo mismos.

– Resistirán con más facilidad las presiones de sus compañeros.

– Serán menos propensos a desarrollar conductas violentas o agresivas.

– Estarán más capacitados para ponerse en el lugar del otro.

– Resolverán mejor los conflictos y desarrollarán habilidades para controlar sus impulsos.

– Tendrán menos posibilidades de incurrir en conductas autodestructivas (drogas, alcohol, juego, embarazos no deseados…).

Primeros auxilios

Para conseguir que el niño se sienta bien consigo mismo es importante que les regalemos una serie de pautas para que puedan conseguirlo.

Comunicación, comunicación y más comunicación: interésate por sus cosas (colegio, amigos, deberes, actividades extraescolares…). Cuando hables con ellos deja un momento lo que estés haciendo y préstales atención.

Amor, cariño y afecto: demuéstrales que los quieres con besos, abrazos y palabras cariñosas. Mejor pecar por exceso que por defecto.

Asertividad: Es importante que los niños puedan expresar libremente y respetando al otro sus pensamientos y opiniones. Enseñarle a decir no es clave para que no los manipulen. Por esta razón, el ser asertivos y el saber defender sus opiniones les ayudará a construir una buena autoestima y eso, a su vez, les facilitará sus relaciones con los demás.

La necesidad de poner límites: los adultos tenemos que tener claro dónde están para así transmitírselos a los niños. Quizás este sea el punto más difícil, por lo tanto, debemos de mantenernos firmes y no sucumbir a los chantajes o a las rabietas.

De los errores también se aprende: déjales que se equivoquen y dales ejemplo reconociendo tus propios fallos. Aunque cueste trabajo no intervenir, hay que dejarlos que comentan errores para que adquieran la experiencia suficiente y se den cuenta en qué han fallado para así mejorar la próxima vez. Tú puedes ayudarles ofreciéndoles alguna alternativa.

Ayúdalos a que experimenten, exploren y descubran cosas diferentes: en este punto, al igual que en el anterior, los adultos tendremos que hacer todo lo posible para mantenernos al margen porque corremos el riesgo de que el niño piense que no confiamos en él o que no es capaz de hacerlo solo.

Predica con el ejemplo: si somos excesivamente exigentes, inflexibles y poco realistas con nuestras capacidades y limitaciones, es posible que el niño tienda a repetir nuestras conductas y actitudes.

Estabilidad familiar y escolar: es importante que tanto en la familia como en el colegio el niño se sienta a gusto. Habrá que estar atentos a cualquier dificultad que los más pequeños puedan tener en cualquiera de estos dos ámbitos (malos tratos, acoso escolar, dificultades con los estudios…)

Anímalos a participar en actividades constructivas: resulta muy positivo que los niños formen parte de actividades que fomenten la empatía y la cooperación entre ellos en lugar de la competición.

Todos los seres humanos nacemos con la capacidad de hacer frente a diferentes situaciones, con habilidades sociales y comunicativas, con capacidad para la crítica, la convivencia y la autonomía, pero para desarrollar y reforzar estas destrezas es necesario (y vuelvo a insistir) un adecuado proceso de aprendizaje y entrenamiento; claro que para ello, también se hace necesario que los padres y los docentes sean emocionalmente inteligentes. Lógico, ya que nosotros seremos sus referentes, el espejo en el que se van a ver reflejados. Absorberán e imitarán todas y cada una de nuestras actitudes y comportamientos.

No obstante, a pesar de que nosotros tendremos un papel fundamental en el desarrollo psíquico y emocional del niño, no hay que olvidar otros dos factores claves: el entorno social y la percepción e interpretación de la realidad de cada niño.

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Últimos comentarios (1)

  1. Que interesante. gracias.

    elastica
    20 enero, 2016 a las 9:40 am