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No me puedo mover

No me puedo mover

Hacía dos o quizás tres lustros que yo no pisaba un gimnasio, tenía muchas ganas de retomar mi actividad física pues la maternidad me había alejado de ellos. Los primeros años no lo echaba de menos, con correr detrás de los niños ya era suficiente ejercicio para mantenerme pero, con el paso del tiempo y el buen...

Hacía dos o quizás tres lustros que yo no pisaba un gimnasio, tenía muchas ganas de retomar mi actividad física pues la maternidad me había alejado de ellos. Los primeros años no lo echaba de menos, con correr detrás de los niños ya era suficiente ejercicio para mantenerme pero, con el paso del tiempo y el buen comer, que eso me gusta mucho, mi fondo se fue volviendo fondón y casi casi consigo salirme de mi.

El día que al doblarme para ponerme un calcetín lo acompañé de múltiples soniditos y rugidos me dije "Inma, necesitas ponerte en forma".

Pero yo no podía comenzar como todo el mundo, pagando la cuota del gimnasio y luego yendo sólo el primer mes, no, yo tenía que hacer algo rápido y drástico. Fue entonces cuando recordé que en la redacción de CharHadas habían probado un nuevo sistema, contándolo en este foro y me lancé a buscar información y ¡Oh, sorpresa!, al lado de mi oficina han abierto un nuevo gimnasio de "Electroestimulación muscular".

Entro a preguntar y me cuentan que con una sesión de 25 minutos equivale a una semana de duro ejercicio ¡Qué bien! justo lo que necesitaba, pues con la falta de tiempo me viene de perlas. Así que fijo día y hora y me dispongo a probar este nuevo sistema que me promete de modo casi milagroso, tonificarme y ponerme a punto en unos minutos.

Pues el día y la hora llegó, y allí me planté yo toda dispuesta.

Todo transcurre en salas individuales en la que el entrenador está sólo para tí. Primero te tienes que poner unas mallas y camiseta especiales que procederán a humedecer para que los electrodos hagan bien el contacto, a continuación te colocas el traje con los electrodos y te enchufan a la máquina... Y ahí comienza todo.

El entrenador personal te va indicando que ejercicios debes realizar en todo momento mientras que vas recibiendo descargas que ponen en marcha hasta trescientos músculos a la vez. La sensación es extraña, ni agradable ni desagradable, sobretodo los primeros minutos hasta que te habitúas a los calambrazos. Reconozco que los veinte minutos se me pasaron volando y agradecí los cinco minutos finales de relax.

Después de la ducha salí de allí con una flojera tremenda, como si me hubiera pasado un camión cisterna por encima. Y hoy, dos días después, sigo sin poder moverme, vamos, que el único movimiento que soy capaz de realizar sin resentirme es pestañear.

No se sí me volverán a ver por ahí, lo de coger atajos conlleva a estos resultados, quizás debí comenzar de forma más suave, pero lo que sí que tengo claro es que a partir de ahora me tengo que mover ¡pero cuando se me pasen estas terribles agujetas!

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Electrobodycenter, portada

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