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¡Mami: quiero un hermanito!

¡Mami: quiero un hermanito!

Muchas veces escuchamos que los padres han decidido “darle un hermanito” a su hijo como si fuese una especie de regalo, o que la decisión de tener otro hijo se ha tomado por la ...

Muchas veces escuchamos que los padres han decidido “darle un hermanito” a su hijo como si fuese una especie de regalo, o que la decisión de tener otro hijo se ha tomado por la insistencia del mayor en querer tener un hermano.

El deseo del hijo o de los hijos que ya existen es importante, pero son los padres los que deben decidirlo ya que es una decisión que sólo corresponde a los adultos al ser ellos los responsables de ese otro que podría llegar.

El hijo mayor podría fantasear e imaginar que se tratará de un juguete o una muñeca con la que jugar, que podrá “utilizar” a su antojo y que hará con él lo que desee como lo hace con sus juguetes; pero como sabemos: nada más lejos de la realidad!!! y sobre todo el primer año de vida en el que el menor podrá interactuar muy poco con el mayor.

Como el mayor no sabe todo lo que supone tener otro niño en casa y lo que implica para los padres tener otro hijo, podrá insistir e insistir, pero es una tarea de los padres como pareja y como individuos pensar sobre si desean tener otro hijo o no; si tienen el tiempo, la energía y la disponibilidad emocional para querer, escuchar y atender a otro; y si se ven capaces de llevar el día a día con más de un hijo.

Revisar aspectos como los horarios, los recursos económicos, el momento profesional, las ayudas familiares y domésticas, los nuevos esfuerzos a realizar, la unión y cercanía con la pareja, qué nuevas tareas habría y cómo se las repartirían, la forma de disciplinar de cada uno, los sentimientos hacia lo que implica ser padres, si han logrado hacer equipo para criar, cómo se siente cada uno consigo mismo en este momento, entre otros aspectos, pueden ayudar a tomar la decisión o a postergarla.

Si se decide tener otro hijo es importante que sea producto del deseo de los padres y no sólo del de los hijos, ya que ese pequeñín que van a llegar tiene que tener su propio espacio en la cabeza y en el corazón de sus padres, para poder sentirse querido y miembro de su familia.

No debería ser una decisión tomada para complacer a un hijo porque se le daría un lugar inadecuado al nuevo bebé: su lugar en la vida no puede ser complacer o estar a la merced de los otros, porque esto supondría mucho sufrimiento para él, mensaje que le estaríamos enviando cuando le contemos que lo tuvimos porque su hermano quería un hermanito.

Explicarle al mayor de forma corta y con palabras sencillas que papi y mami han decidido tener otro hijo producto del cariño y el deseo de los padres es importante.

Como también es importante involucrar y preparar a los hijos para el nacimiento de un nuevo hermano, con cosas como: hablarle del nuevo hermanito, de cómo crecerá la barriga de mamá, llevarlo a la realización de la ecografía o mostrársela, involucrarlo en la decoración del cuarto y en la compra de ropa, así como explicarle lo que sucederá y los cambios que habrá: los días que mamá y papá no estarán, dónde estará él, quién lo traerá a conocer a su hermano y a visitar a su mamá, quién lo llevará esos días a la escuela o cole.

Sorprender al mayor con un regalo de parte del bebé el día que lo vaya a conocer y tratar que el mayor, si quiere, le lleve otro al recién nacido, ayudará a comenzar una buena relación entre iguales.

Pedirle a los familiares cercanos que cuando vayan al conocer al bebé le lleven también un detalle al grande, ayudará a calmar los posibles celos por la atención que se le dedica al recién nacido.

Celos que son normales y que se esperan, ya que ahora el hijo mayor tiene que aprender poco a poco a compartir a sus padres, a sus familiares, su casa y sus cosas y a adaptarse a esta nueva situación, hasta que se acostumbre a que ya no es él solo el hijo de papá y mamá sino que ahora son dos.

Dedicarle ambos padres atención y tiempo a cada hijo; no asignar un hijo a un padre y el otro al otro; evitar hacer equipo con un hijo en contra del otro jugando; evitar las comparaciones; no poner a hijo como ejemplo del otro y no hacer responsable a uno del otro, ayudará a que no haya rivalidad entre hermanos.

Proponerles actividades y juegos de colaboración, construir cosas juntos, mostrarle a cada uno los aspectos positivos del otro, mediar en las discusiones, no aliarse con un hijo para señalarle los defectos al otro, darle a cada uno lo que necesita y sobre todo tener un espacio y tiempo para cada hijo, son las bases para una buena relación entre hermanos.


Yezenia González Robaina
Psicóloga-Psicoterapeuta de niños y adultos
Creadora de Crece con Yeze
www.crececonyeze.com
yeze@crececonyeze.com

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