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Cómo saber si tu hijo esta gordito o delgado

Cómo saber si tu hijo esta gordito o delgado

Es normal que nos preocupemos si nuestro pequeño está muy delgadito o si por el contrario, nos parece que está demasiado gordito. En el primer caso, ya que nuestro hijo está en ...

Es normal que nos preocupemos si nuestro pequeño está muy delgadito o si por el contrario, nos parece que está demasiado gordito. En el primer caso, ya que nuestro hijo está en pleno desarrollo, es fácil que varíe su volumen en periodos concretos de crecimiento, cuando coge algún virus gastrointestinal o resfriado. En estos casos, debemos escuchar a los pediatras y guiarnos por las tablas de estatura y peso que ellos tienen, así como seguir su consejo dietético; si el niño necesita mayor aporte energético, aunque no esté adaptándose bien a los cambios de líquido a puré o de puré a sólido, haremos lo posible hasta que termine la ración recomendada. Si por el contrario el pediatra nos dice que está bien alimentado, aunque sea de complexión delgada, no le daremos alimentación extra; afortunadamente ningún niño muere de hambre en el primer mundo, cuando necesite más, lo pedirá.

Es importante que el niño no perciba que nos preocupa mucho la alimentación, pues puede utilizar ese momento para hacernos chantaje emocional, de manera que el momento de la comida se convierta en una batalla desagradable para ambos. Debemos normalizar el acto de comer.

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En el caso de que nos parezca que el niño está gordito, volveremos a guiarnos por las tablas de crecimiento, peso y altura de los pediatras:

  • Si el médico nos dice que su peso está por encima de lo esperado, seguiremos sus consejos dietéticos, y veremos si le estamos dando más de la toma recomendada. En ocasiones, el acto de comer le produce tanto placer por sentirse atendido, calentito, etc., que su estado de tranquilidad nos hace alargar en el tiempo el momento de comer y acostumbramos al niño a cantidades que no le convienen, de manera que luego le costará volver a una cantidad adecuada. Otras veces, somos las mamás y los papás los que necesitamos asegurarnos de que a nuestro hijo no le falta de nada y de que tiene todos los cuidados que necesita, y al igual que comprobamos repetidas veces su temperatura, o nos cercioramos una y otra vez de que duerme plácidamente, también podemos creer que darle una buena cantidad de puré, o incluso dos, nos asegura que esté bien alimentado. No podemos olvidar que una alimentación sana no sólo se refiere a la variedad y calidad de los alimentos, sino también a su cantidad, tanto por defecto, como por exceso. En otras ocasiones, no buscamos tanto nuestra tranquilidad como padres sino la suya, y abusamos de que está tranquilito y calmado en el momento de la comida, de manera que cuando no sabemos cómo calmarlo, recurrimos a ésta para conseguir un momento de paz. Así estamos enseñando al niño a calmar la ansiedad comiendo, y éste es uno de los aprendizajes más peligrosos para evitar la obesidad infantil tanto como la adulta.

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  • Si por el contrario, el médico nos dice que su peso es normal, debemos confiar en su criterio profesional. Es posible que nos estemos obsesionando demasiado con la alimentación de nuestro hijo, o que nos importe en exceso su figura corporal, o incluso la nuestra. Cuando las mamás o papás estamos excesivamente preocupados por nuestra figura o la de nuestros hijos, podemos inducirles sin quererlo a que ellos también se obsesionen y desarrollen un trastorno de la conducta alimentaria, cuyas consecuencias pueden llegar a ser muy dañinas, por no usar otro término más sobrecogedor. En estos casos, debemos intentar dejar esa obsesión, y si vemos que no somos capaces, consultar con un psicólogo especializado en temas de alimentación.

Si quieres saber más sobre éstas y otras cuestiones, puedes consultar la guía para padres “Mamá y papá… ¡Quiero más!”.

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