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Consulta preconcepcional

Consulta preconcepcional

La consulta preconcepcional tiene como principal objetivo promover la salud de la mujer y de su futura descendencia. En esta consulta se pretende identificar los posibles riesgo...

La consulta preconcepcional tiene como principal objetivo promover la salud de la mujer y de su futura descendencia. En esta consulta se pretende identificar los posibles riesgos preconcepcionales así como insistir en la prevención, educación y promoción de la salud.

Se recomienda llevarla a cabo dentro del año que precede al inicio del embarazo y en ella el médico debe realizar una historia clínica detallada recogiendo los aspectos demográficos, los riesgos preconcepcionales (enfermedades preexistentes y su tratamiento), los riesgos infecciosos y vacunaciones, así como la historia obstétrica previa.

La edad es un aspecto importante a la hora de planificar la concepción. Se sabe que un porcentaje de las adolescentes que se quedan embarazadas se trata de gestaciones no deseadas, con las consecuencias negativas que ello conlleva. Las gestantes de menos de 19 años presentan con mayor frecuencia niños de bajo peso, prematuros y unas tasas de complicaciones neonatales mayores.

Lo mismo ocurre con las mujeres mayores de 40 años, en las que aumenta el riesgo de alteraciones cromosómicas así como la tasa de enfermedades crónicas y complicaciones durante el embarazo. En estos dos grupos es importante incidir sobre la planificación familiar y el riesgo gestacional.

Las enfermedades crónicas son otro de los aspectos a destacar. La paciente debe informar sobre sus enfermedades pasadas y presentes, así como de la medicación que estas precisan. Es importante saber la repercusión que la enfermedad tiene sobre el embarazo, y cómo éste puede modificar el curso de la enfermedad. La diabetes, el asma, la hipertensión, la epilepsia o la enfermedad tromboembólica son algunas de estas enfermedades.

Respecto a la medicación, es preciso que el médico conozca el tipo de medicamentos que la paciente toma, y los efectos que estos pueden producir sobre el feto de cara a llevar reajustes del tratamiento si precisa.

Entre los antecedentes personales destaca la existencia de enfermedades infecciosas que puedan influir en el desarrollo del embarazo.

La infección por rubéola en el primer trimestre de embarazo puede producir alteraciones fetales en un 50% de los casos, aumentando la tasa de abortos espontáneos. Por ello es importante identificar a las mujeres no inmunizadas y provecer a su vacunación previa al embarazo, esperando para éste 3 meses postvacunación.

Una de las principales preocupaciones de las mujeres embarazadas es la toxoplasmosis, una enfermedad infecciosa ocasionada por un protozoo parásito llamado Toxoplasma gondii, que se considera una zoonosis lo que significa que se trasmite habitualmente desde los animales a los seres humanos a través de diferentes vías de contacto.

La principal fuente por la que le parásito entra en los humanos es a través de alimentos contaminados como la carne (cuando está poco cocinada ya que un porcentaje importante de ellas están contaminadas), las frutas y verduras mal lavadas o a través de personas que trabajen la tierra con las manos como agricultores o labores de jardinería. En estos casos, el parásito está presente en gran cantidad en los suelos, de forma que cuando se manipula la tierra sin guantes podrá introducirse tierra bajo las uñas y si no hay un buen lavado de manos con agua y jabón, es fácil infectarse. Si bien siempre se ha pensado en los animales domésticos como el gato como posible fuente de infección, éstos son hospedadores definitivos y será necesario que se contagien para que puedan producir heces infecciosas. En condiciones normales, un gato doméstico que viva en casa y no tenga acceso al exterior, coman pienso o carne cocinada no podrá infectarse y por tanto no podrá infectar a otros. Sólo si el gato tiene acceso al exterior o es silvestre, come carne o caza, podrá infectarse, incubar el parásito y liberarlo en las heces infecciosas.

El parásito puede cruzar la placenta y trasmitirse al feto, lo que puede ocurrir en un tiempo variable que puede llevar entre 4 y 16 semanas. De ahí que la placenta una vez infectada debe considerarse como una fuente potencial de infección al feto durante el embarazo. La frecuencia de infección fetal es inversamente proporcional a la edad gestacional: más alta cuando la infección materna se produce en el tercer trimestre respecto a segundo o primer trimestre, pero la infección es más grave a menor edad gestacional. En los casos en que se produzca la infección de la mujer gestante, existen medicamentos que pueden ayudar a detener la infección para evitar los daños al feto. Al nacer, el 75% de los casos son asintomáticos y sólo en el 18% de ellos se va a producir un compromiso severo a nivel oftálmico o del sistema nervioso central.

En la consulta preconcepcional debemos averiguar la inmunización o no de la paciente y en los casos negativos, llevar a cabo una serie de medidas para evitar su contacto durante el embarazo.

El 90% de los portadores crónicos del virus de la hepatitis B han sufrido la infección de forma asintomática, y por ello que haya muchas mujeres que desconocen su infección. Las mujeres con infección activa presentan entre un 70-90% de posibilidades de trasmisión de la infección a sus hijos, y entre un 85-90% de los hijos infectados serán portadores crónicos. Gracias a las técnicas de screening precoz y a los modelos de vacunación se ha conseguido disminuir de forma importante las tasas de infección perinatal.

En la consulta preconcepcional es importante la identificación de pacientes con conductas de riesgo y mayor posibilidad de infección por VIH u otro tipo de infecciones de transmisión sexual. A estas pacientes se las ofrecerá realizar una serología especial, y se deberá informar detalladamente dado que se trata de un embarazo de alto riesgo.

El conocimiento del estatus vacunal de la paciente y la vacunación en los casos necesarios serán otros de los aspectos a valorar en esta consulta. La administración de vacunas de virus atenuados (rubéola, sarampión, varicela, triple vírica, cólera) se deba evitar durante el embarazo, retrasando éste hasta los 3 meses posteriores a la vacuna.

La vacuna antitetánica se podrá administrar durante el embarazo, siendo recomendable su administración en el segundo trimestre de gestación.

La vacunación con virus muertos no está contraindicados durante el embrazo ni en los meses previos, entre ellas la vacuna de la gripe.

Las historias obstétrica y ginecológica previas serán detalles a conocer en esta consulta. Los detalles respecto a embarazos anteriores, su curso y las complicaciones surgidas, así como la existencia de abortos previos deben ser registrados. Lo mismo respecto a los detalles sobre su historia sexual y enfermedades de transmisión sexual que puedan condicionar infertilidad o seguimientos especiales durante el embarazo.

Hay que tener en cuenta el objetivo principal de esta consulta, la educación y promoción de la salud, para lo cual es necesario en muchos casos llevar a cabo cambios en los hábitos y estilo de vida de las pacientes.

¡Aquí van algunas recomendaciones!

  • Mantener una alimentación sana y variada.
  • Realizar ejercicio físico de forma rutinaria.
  • Evitar el consumo de tabaco y drogas.
  • Evitar el consumo de medicamentos sin la consulta previa a tu médico.
  • Confirmar tu estatus vacunal con el médico y llevar a cabo las vacunaciones necesarias.
  • Aporte de suplemento diario de ácido fólico al menos 1 mes antes de la concepción y durante las 10-12 primeras semanas de gestación con lo que se consigue disminuir el riesgo de defectos a nivel del tubo neural hasta en un 60% de los casos.
  • Aporte de suplemento diario de yodo al menos 1 mes antes de la concepción y durante la gestación y lactancia para evitar la patología por déficit del mismo en el recién nacido y sus consecuencias.
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