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De pecho a biberón, de líquido a puré o de puré a sólido

De pecho a biberón, de líquido a puré o de puré a sólido

Seguro que muchas de vosotras habéis pasado vuestros ratos difíciles en el momento de cambiar de alimento con vuestros hijos. Normalmente, los niños son muy sensibles a los camb...

Seguro que muchas de vosotras habéis pasado vuestros ratos difíciles en el momento de cambiar de alimento con vuestros hijos. Normalmente, los niños son muy sensibles a los cambios y les cuesta adaptarse a lo nuevo, pero existen truquillos que como buenas hadas, nos ayudarán, nunca mejor dicho, a pasar el trago.

Es frecuente que cuando dejamos de darle el pecho, al niño le cueste aferrarse al biberón, que es más duro, más frío, menos confortable y en definitiva, diferente a lo que están acostumbrados. Para facilitarles este acontecimiento, nos aseguraremos de que la leche salga con poco esfuerzo (cuando son nuevas, las tetinas del biberón les resultan más duritas y en ocasiones podemos hacerle un agujerito más, pero con mucho cuidado de que no salga demasiado y se atragante). También intentaremos estar tan tranquilas como estábamos dándole el pecho, pues los niños notan cuando estamos en tensión, y echan de menos ese clima de paz que tenían cuando tomaban el pecho.

Tu paciencia será primordial
. Lo importante es que salvo la tetina y la leche, nada más cambie. Si le intentas dar el biberón y al no tomar mucho le complementas con el pecho, aprenderá que luego hay de lo que le gusta, por lo que te costará mucho más implantar el biberón. Las mamás que por motivos de salud deben dejar de dar el pecho de un día para otro, tardan muy poco en implantarlo, porque no hay alternativa; el bebé aprende que el biberón es lo único que tiene para comer, y lo acaba disfrutando tanto como el pecho.

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Otro momento que puede resultar comprometido es cuando comenzamos a darles puré. Al principio será importante que no sean excesivamente sabrosos o salados, pues notan más el cambio del sabor. Podemos “mojarles los labios” de puré con la cuchara, para que se los chupen y saboreen lo que va a venir.

También hay que cuidar la temperatura; si está muy caliente es fácil que lo rechacen. Y como además de en el sabor, el cambio está también en la textura, procuraremos que los primeros no estén muy espesos, para que sea lo más parecido a lo que ya conoce. Como veis, al principio se trata de modificar lo menos posible aquello a lo que está acostumbrado, e ir introduciendo más sabor, más espesura y más variedad, a medida que se va adaptando.

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Parece ser mayor problema el paso de puré a sólido. Como nadie mejor que nosotras conoce a nuestro pequeño, sabremos si le gusta más el puré cuando lleva pollo, o cuando lleva pescado, o cuando es sólo de verduras… y en esto nos basaremos para ir introduciendo los sólidos; comencemos por lo que más les gusta. En ocasiones lo que ocurre es que de repente se encuentran con que tienen que masticar, cuando antes sólo era tragar, siendo esto algo que, o les da arcadas, o les da pereza.

Tanto en un caso como en otro, podemos mantener los purés unos días más, haciéndoselos más espesos, de manera que se vean obligados a mover más la lengua para tragar. Poco a poco, introduciremos alimentos muy blanditos o parecidos al puré, como un arroz caldoso, patatas cocidas con caldito, desmenuzadas en trocitos, o tortilla francesa también en trozos pequeños (tras unos días con un puré muy espeso, es fácil que agradezca las comidas caldosas, aunque tengan trocitos de algo).

Podemos ayudarle a tragar con yogurt para beber, entre cucharadas, aunque correremos el riesgo de que sólo quiera yogurt y entonces tendremos que prescindir de éste. Será importante que no perciba nuestra preocupación porque lo consiga, de manera que podemos hacerlo mediante un juego en el que primero trago yo, y luego tragas tu (en este caso tendremos muy en cuenta ponerle cantidad de más, para no comernos la mitad de su comida).

Si aún quieres más trucos para hacer el momento de la comida mucho más fácil, puedes consultar la guía para padres “Mamá y papá… ¡Quiero más!”.

¿Cómo llevaron vuestros hijos los cambios en las comidas?

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