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Cómo evitar la obesidad en nuestros hijos

Cómo evitar la obesidad en nuestros hijos

Se habla de la obesidad infantil cada vez con mayor frecuencia, y es que éste es un problema que afecta ya a TODOS los países del planeta, y va en aumento. Me dirijo a todas las...

Se habla de la obesidad infantil cada vez con mayor frecuencia, y es que éste es un problema que afecta ya a TODOS los países del planeta, y va en aumento. Me dirijo a todas las hadas preocupadas por la alimentación o el peso de sus bebés, por si puedo resolver algunas dudas.


Para empezar, UNA BUENA NOTICIA: sólo el 5% de las obesidades infantiles están debidas a problemas genéticos o endocrinos, o como consecuencia de patologías diversas. Esto significa que el 95% restante, se debe a malas prácticas en la alimentación o a un exceso de sedentarismo, lo que significa que en un 95% de los casos, PODEMOS EVITAR LA OBESIDAD EN NUESTROS HIJOS.


Vamos a ver entonces, qué cosas podemos hacer en el período prenatal y de lactancia:

Ya desde el embarazo, debemos cuidar nuestra propia alimentación y llevar una dieta adecuada durante el embarazo, pues los niños estarán en riesgo de padecer obesidad a los 5-7 años o en la edad adulta, dependiendo tanto si existe exceso como defecto de traspaso de nutrientes de la madre al feto. Es decir, un bebé puede ser obeso en un futuro, tanto si nace con bajo peso como si nace con un peso considerable. Es por ello imprescindible seguir el consejo periódico de nuestro médico durante el período de gestación y cuidar la alimentación en el embarazo.


También existen investigaciones que manifiestan que fumar durante el embarazo aumenta las posibilidades de que el niño tenga obesidad a lo largo de su vida, por lo que es importante dejar de fumar no sólo cuando una sabe que está embarazada, sino mucho antes; cuando planea quedarse ya que no faltan medios para librarse del tabaco y dejar de fumar.




Una vez que le tenemos en nuestros brazos, la mejor alimentación que puede tener en sus primeros meses es la lactancia materna; reduce el riesgo de obesidad a lo largo de su niñez y de su vida. La leche materna será de mejor calidad dependiendo, entre otras cosas, de la calidad de la alimentación de la madre, por lo que será importante tener una dieta variada y equilibrada, así como no abusar de las grasas en periodos de lactancia. Si por cualquier razón, no puedes darle el pecho, no te preocupes; las fórmulas lácteas actuales están muy estudiadas. Lo importante es que no exijas al bebé acabarse toda la toma si no quiere más.

Cuando le damos el pecho, la única manera de controlar si ha comido lo suficiente es midiendo el tiempo de succión y sobre todo, notando que se queda totalmente satisfecho (se queda dormidito, se le cae la babita, se tranquiliza y tarda en demandar alimento el tiempo más o menos establecido hasta la próxima toma). Del mismo modo, cuando le damos biberón, las medidas deben servirnos como guía, pero la respuesta de si queda satisfecho o no, nos la dará el propio bebé, por lo que no pasa nada si deja un poco de biberón en cada toma, siempre que no deje medio biberón y que le notemos satisfecho con las señales anteriormente citadas. Cuando son tan pequeñitos sólo pueden manifestarse por instintos (frío, hambre, calor, ruido…), así que si se queda con hambre, se quejará.

Si quieres saber más sobre éstas y otras cuestiones, puedes consultar la guía para padres Mamá y papá… ¡Quiero más!.

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