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No sin mi osito

No sin mi osito

Muchos padres se preguntan si es normal la relación que sus hijos desarrollan con objetos como un osito, una mantica o un juguete, y si es normal la necesidad que tienen de ésto...

Muchos padres se preguntan si es normal la relación que sus hijos desarrollan con objetos como un osito, una mantica o un juguete, y si es normal la necesidad que tienen de éstos.

El bebé pasa de jugar con sus dedos y manos a hacerlo con objetos por los que desarrolla apego.

Objetos de los que el peque no se quiere separar, lo cuales pide o a los que recurre cuando tiene que afrontar situaciones nuevas o angustiantes.

Y a su a vez son objetos que facilitan la iniciación de hábitos, como dormir solos, y de acontecimientos, como el primer día de escuela, acompañando al niño.

Los padres aprenden a llevarlo en viajes, a permitir que el niño lo ensucie y a no lavarlo, porque el hacerlo destruye su significación y su valor.

Los llamados objetos transicionales ayudan al niño a comenzar a diferenciar la realidad externa de la interna y a entender que hay un NO-Yo, así como a separarse de sus figuras parentales.

El bebé cuando nace está fusionado a su madre, no la concibe como algo diferente a él, ni entiende de realidad interna y externa.

Son estos objetos los que le ayudan a realizar la primera representación del No-Yo y a separase poco a poco de los padres a la vez que los representan.


Es decir, le ayudan a representar algo que no está, materializándolo en un objeto como una manta que le proporciona la misma seguridad, así le permite seguir unido a la madre, o a quien haga la función materna, y a la vez separarse de ella y entender que se es diferente.

Lo cierto es, que el niño va a necesitar de ellos en momentos de ansiedad, situaciones nuevas o ante personas desconocidas, para poder sentirse seguro, acompañado y para poder enfrentarlas.

Es el niño el que elige el objeto, no se puede imponer aunque si ofrecer y suele ser algo material que lo ha acompañado desde sus primeros días o meses de vida.

Poco a poco, sobre los 3 años, debe ir separándose de ellos al menos por períodos de tiempo, para finalmente dejarlos a medida que pierden significado y la realidad externa se extiende.

Cuando dicen: “No sin mi osito”, es necesario dárselo, dejar que los acompañe y no forzar la separación o decirles que se ha pedido, porque puede ocasionar confusión y mucha ansiedad.




Yezenia González Robaina

Psicóloga-Psicoterapeuta de niños y adultos

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